santiagoSantiago llega como todos los años a la cita anual con los vecinos de su Barriada. Desde las mediterráneas tierras de Palestina o desde las atlánticas de nuestra Galicia; en el caballo blanco de la tradición o surcando los cielos en la estela brillante que deja su paso, el Apóstol se acerca como cada julio hasta Almendralejo. Porque no en vano ésta fue su tierra, tierra de la Orden de Santiago desde su fundación entre los siglos XIII y XIV de nuestra Era, porque viene a su casa, cabeza de una de sus Encomiendas más ricas; porque viene a la ermita que levantaron nuestros antepasados a finales del siglo XVI bajo su advocación, porque está entre sus gentes, sea bienvenido, Santiago, Patrón de España.

Recorre Santiago esta Barriada, donde se hermanan la tradición con el progreso. En ella tenemos ese símbolo perenne de una ermita centenaria varias veces, que se ha conservado en pie gracias al esfuerzo generoso de tantas generaciones. Este edificio forma parte, sin duda, del patrimonio de nuestra localidad, que debemos conservar y potenciar porque un pueblo no puede, como las cepas de nuestros campos, vivir sin sus raíces. La tradición y, como señalábamos, el anhelo progresista de sus vecinos. Porque muy cerca de la Ermita, el espíritu emprendedor de uno de ellos, Federico Zambrano González, que ya había dado muestras de visión de futuro fundando con otros almendralejenses la Sociedad "El Obrero Extremeño", instaló el primer molino de aceite movido por electricidad que hubo en Almendralejo, a comienzos del siglo XX en la calle que por ello se llama Molineta, la molineta de Zambrano.

Santiago, su ermita, su barriada, sus gentes, forman parte de las murallas no levantadas de Almendralejo. Porque esta ciudad, abierta en la llanura fértil de los Barros, cuando tenía que defenderse de algunos males exteriores, cerraba sus calles, tapiaba sus callejas, y sólo quedaban abiertas cuatro puertas, controladas. Una de ellas era la de Santiago, como atalaya avanzada al final de la calle de Mérida, que cerraba el principal eje de la villa cuyo otro extremo era la ermita de los Mártires.

ermitadesantiagoHoy la Barriada se ha extendido hacia el oeste. Muchas de sus calles llevan nombres de santos y de santas, tal vez porque Santiago fue el primer apóstol que derramó su sangre por Cristo, y en una de ellas se recuerda a la andariega castellana que reformaba conventos de la misma manera que Don Quijote convertía posadas en castillos: también Santa Teresa tiene aquí su calle, ella que fuera ya proclamada Patrona de España en aquellas Cortes gaditanas que nos dieron nuestra primera Constitución.

Como no podía ser menos, las calles de la Barriada recuerdan en sus nombres a otros famosos almendralejenses que destacaron a lo largo de los siglos en sus respectivas esferas y les llevaron al reconocimiento y a la fama, por lo que se ha considerado que a cambio de ese honor se constituyeran en ejemplo para todos: Miguel Antolín, Fernando Villalobos, Zacarías de la Hera, Diego Becerra, Marqués de Casa Cajigal, Gonzalo Hernández...

Mas es razón que descendamos a la Fiesta. Ya a principios del siglo XVII se celebraba la procesión y misa en honor al Santo en su día; pero, por lo que respecta a los orígenes de la feria, no hay noticias anteriores a 1878, cuando "La Revista de Almendralejo" habla de la Velada de Santiago en la que había "muchas tiendas de juguetes para purgatorio de los padres que no tienen dinero para satisfacer los antojos de sus hijos: frutas, dulces, buñuelos, gran concurrencia, asfixiante calor y los bailes en los salones de los Señores de Cajigal". A finales de aquel siglo, el poeta local Rogelio Triviño recordaba que "la población en masa afluye en interminable cordón por la anchurosa calle de Mérida". Y en otro lugar, otro año, el mismo autor hacía su crónica en verso:

"Hace aún muy pocas horas
la hermosa calle de Mérida
presentaba el buen aspecto
de una chica el día de fiesta;
blancas, muy blancas sus casas
y muy limpias las aceras,
convidaban a un paseo
por el real de la feria,
que semejaba un edén...,
de muchachas hechiceras.
¡Qué caritas tan remonas!,
¡qué cinturas tan estrechas!,
¡qué pies!, ¡qué manos!, ¡qué ojos!,
¡y qué dientes como perlas!"

Por aquellas fechas, la Feria de Santiago era la más importante de la localidad, si tenemos en cuenta que el Ayuntamiento subvencionaba a la Banda de "El Obrero" por tocar en ella durante tres noches, cuando en la de la Piedad sólo lo hacían en dos noches y en las de San Antonio, San Juan y San Pedro, una noche en cada una. Ha transcurrido el tiempo y las fiestas han ido cambiando a su paso. Mucho más próximas a nosotros están las especiales del año 1956, cuando se reemplazó el pavimento de la Ermita, se entronizaron las dos nuevas imágenes de Santiago y Santa Ana y se contó con una iluminación espectacular. La Hermandad de Santiago y la Asociación de Vecinos de la Barriada confeccionan todos los años un amplio capítulo de actividades que deben servir para cohesionar a los vecinos de Santiago en una tarea común, donde todos son necesarios si se quiere una Barriada más solidaria que es la única manera de hacer una Barriada más feliz.