comunidad2wCuando casi se cumplen 111 años de su fundación, la Comunidad de Labradores de Almendralejo ha sido noticia en los medios de comunicación por su unión a Apag Extremadura Asaja el pasado 19 de mayo de 2010, con el objetivo, según su presidente Juan José Gallardo Lajas, de aunar esfuerzos y defender mejor el sector. Abordamos en esta crónica los orígenes de esta Entidad centenaria.

El último cuarto del siglo XIX fue para las agriculturas europeas una época de crisis, con ritmos distintos según las zonas y los productos. La integración a que había llegado la economía mundial supuso la creación de un auténtico mercado mundial de productos agrarios, sobre todo, de cereales, con la fuerte competencia de los más baratos de Ultramar y de los propios países europeos que habían aumentado la producción.

Además, la fuerte demanda de aceite de oliva para usos industriales que había tenido lugar en los países industrializados se vio mermada por el envío masivo desde Ultramar de petróleos, semillas y aceites propios de aquellas latitudes que sustituyeron al aceite de oliva en esos usos.

Finalmente, la crisis vitivinícola motivada por la epidemia de filoxera que atacó a las vides europeas a partir de 1865, cuando comenzó en la Provenza francesa su ataque devastador. La epidemia se había ido extendiendo por España desde 1878 y no hubo manera de luchar contra ella. El único modo de sanear los terrenos invadidos era la replantación de los viñedos con sarmientos americanos resistentes al insecto. La filoxera llegó a Almendralejo en mayo de 1897.

¿Cuáles fueron las respuestas a la crisis? Es sabido que los principales países reaccionaron de forma defensiva, cerrando sus mercados a las importaciones con elevados aranceles. Pero también la administración desplegó una serie de medidas positivas, sentándose las bases de un auténtico servicio agronómico (granjas experimentales, escuelas de capacitación, estaciones enológicas...). Además, los propietarios se acomodaron a las oscilaciones de los mercados de manera más ágil, abandonando cultivos tradicionales por otros más beneficiosos, profundizando en la especialización, mejorando el utillaje, utilizando mejores fertilizantes y buscando la defensa de sus intereses a través de sus propias asociaciones y sindicatos, agrarios y de crédito.

¿Qué ocurrió en Almendralejo? La crisis motivada por la llegada de productos ultramarinos a Europa debió afectar mucho menos a los propietarios almendralejenses, debido a que entonces la expansión del viñedo y del comercio vinícola compensaba, generalmente, las pérdidas que pudieran sufrir en las exportaciones de granos (las partidas de aceite eran sensiblemente menores). Aquí, las auténticas crisis seguían siendo las motivadas por condiciones climáticas adversas o por invasiones de la langosta, y, por supuesto, de la filoxera cuando llegó a nuestro término.

Emigración, beneficencia, obras públicas, alojamientos, escuelas, sociedades de crédito y sociedades de socorros mutuos intentaron paliar las grandes necesidades de las clases obreras. Los propietarios agrarios reaccionaron ante la crisis creando asociaciones para la defensa de sus intereses, sobre todo, frente a la avaricia de los prestamistas (la Caja Rural) y la inseguridad de los campos (la Comunidad de Labradores).

En los meses de junio y julio de 1899 se dieron los pasos legales para aplicar al caso de Almendralejo la Ley de 8 de julio de 1898 sobre constitución de Comunidades de Labradores, quedando situada en el nº 8 de la calle Silos (la casa donde tiene su actual sede en la calle San José, fue adquirida en el año 1910).

El objetivo de la Comunidad era velar porque se respetaran las propiedades rústicas y los frutos de los campos, procurar la apertura y conservación de los caminos rurales, abastecer de abrevaderos y pozos el término y proporcionar cualquier otro beneficio colectivo a los labradores y ganaderos de Almendralejo (extinción de la langosta, reconocimientos veterinarios...).

La Comunidad elegía dos órganos colegiados, el Sindicato de policía rural, que ejercía la representación de la Comunidad y actuaba como comisión ejecutiva de la misma; y el Jurado, cuya misión era intervenir en aquellas cuestiones que surgieran entre los asociados con motivo de los servicios prestados por el Sindicato, así como imponer las multas por infracción de las Ordenanzas, siendo sus fallos ejecutivos.

La primera Comunidad de Labradores existente en España fue la de Castellón y en la región levantina tuvo su principal foco inicial ya que de las veinte primeras comunidades, 18 correspondían a localidades de Castellón, Alicante o Valencia. La Comunidad de Almendralejo hizo el número 19 por orden de fundación y fue la primera extremeña y la segunda no levantina, ya que la de la localidad vallisoletana de Nava del Rey nos precedió en tres meses. Tendríamos que esperar a mayo de 1902 para que se fundara otra extremeña, la de Montijo.

El primer presidente de la Comunidad de Labradores de Almendralejo fue Antonio Merino García, auténtico impulsor del asociacionismo patronal agrario. Desarrolló una importante labor no sólo en nuestra Comunidad sino como vocal de la Federación Bético-Extremeña-Canaria, organismo en el que se integraron la mayoría de las asociaciones agrícolas de estas regiones. Es de gran interés, su intervención ante el Congreso de Sevilla, en 1902, dando a conocer a los socios de la Federación la experiencia de la Comunidad almendralejense y animándolos a fundar otras semejantes en sus localidades.

Una vez establecida la Comunidad, el Ayuntamiento de Almendralejo se inhibía en todas aquellas atribuciones que se le conferían a la Comunidad, por lo que esta asociación tenía un gran atractivo para los propietarios ya que ponía en sus manos facultades tan importantes como la seguridad y vigilancia del campo, los servicios de policía rural o la conservación de caminos, entre otros.

Y es que las quejas contra los guardas que el Municipio tenía contratado para la custodia de los campos eran constantes: había 8 guardas que ganaban 2 pesetas diarias pagadas por el Municipio con fondos cobrados a los particulares con ese objeto. Los guardas se renovaban a cada cambio político en el Ayuntamiento que además les pagaba tarde y mal, con lo que descuidaban mucho su cometido.

La falta de vigilancia de los campos acarreaba también que los propietarios no obtuvieran rendimientos de los distintos aprovechamientos de rastrojos, barbechos, eras y olivos, pues sólo se vendía el de rastrojos y apenas tenían con su producto para el pago de la guardería; los ganados pastaban sin otro control que el favor y las conveniencias de los poderosos y quienes no disfrutaban de estos favores tenían que levantar sus majadas del término.

La Comunidad contrató, inicialmente, a 13 guardas con contratos fijos a razón de 2,50 pesetas diarias y con opción a derechos pasivos. El Reglamento de Guardas, editado en la imprenta emeritense de Plano y Corchero, en 1899, señala las condiciones que debían reunir los aspirantes y las funciones que desempeñarían. Constituye un extenso catálogo de las faltas más comunes que se podían cometer contra las propiedades agrarias, y los estímulos que la Comunidad ofrecía a los guardas ejemplares.

Los fondos de la institución procedían de los distintos aprovechamientos que los propietarios cedían a la Comunidad y ésta los sacaba a subasta. Si algún propietario no quería ceder el aprovechamiento de una o de todas sus fincas, pagaba un tanto por exceptuación. De esta manera, el ganadero que quisiera tener ganado en el término, compraba los aprovechamientos que necesitaba y sabía que sólo los comería su ganado. Con los ingresos de subastas o exceptuaciones se pagaba la guardería y aún quedaba dinero para abastecer de abrevaderos el término, arreglar caminos y dedicarlos a otras necesidades.

Los almendralejenses no presenciaron pasivos la crisis de finales del pasado siglo. Reaccionaron, a su manera, alumbrando nuevos caminos, algunos todavía desconocidos o peligrosos para sus convecinos. En muchos casos, llevaron la iniciativa, aunque el problema social de los jornaleros sólo encontró soluciones de emergencia.

Tal vez, aquellos que iniciaron la andadura de la Comunidad no se imaginaran que más de cien años después les estuviéramos recordando. En la reunión constitutiva celebrada el 28 de junio de 1899, en el Teatro Espronceda de la Ciudad, los elegidos para dirigir por vez primera a esta Institución fueron: Presidente: Antonio Merino García; Vicepresidente: Francisco Gutiérrez Silva; Tesorero: Antonio Martínez y Martínez de Pinillos; Secretario: Antonio Rodríguez; Vocales: Alonso Pérez Moreno, Fernando Merchán Ortiz y José Vargas Golfín.