Alegres afluentes de mi río,
leves respuestas a mi dulce amor,
logrados gananciales.
Cinco sonoros versos en el friso
del recatado tálamo.
¡Mis ángeles pequeños! ¡Mi tesoro!
ANTONIO es el mayor, sus cinco años
están henchidos de curiosidad:
todo lo mira y todo lo pregunta
con ímpetu y aplomo de varón
en la voz y en el gesto.
Al ver - por vez primera - los cipreses
del alto camposanto,
me dijo, sorprendido: "Aquellos árboles
parecen nazarenos". Algún duende
le sugirió al oído las palabras...
o fue la levadura del poeta.
Traviesa, vivaracha y decidora,
IDA es como una pálida amatista
trasfundida de luz,
con la gracia del junco en la ribera
y el donaire del cisne.
Tiene en sus ojos la policromía
de la mar en la tarde, y en el pelo,
la morbidez dorada del rescoldo.
Mejillas de alabastro, que se quiebran
en graciosos hoyuelos cuando ríe.
¡Campanilla de plata!
Arroyo montaraz y balbuciente
oculto entre retamas,
AURORA es como un áspero y dulce
membrillero en sazón.
Tímida y gordiflona,
parece un gorrión asustadizo
triscando alrededor de los hermanos.
DULCE NOMBRE y MARÍA INMACULADA,
pariguales espigas
que aquel alba de Junio
granaron a la vez, tan diminutas,
tan tiernas, tan inermes,
¡cómo gozan mirándose las manos
-las manos de los niños
con sus torpes candores-
y una a la otra, en singular espejo
fabricado por Dios!
Antonio, Ida, Aurora, Dulce Nombre,
María Inmaculada,
las cinco estrellas de mi firmamento.
Cinco rosas de púrpura: mi sangre
que corre, entre la suya, estremecida.
¿Qué vendaval os llevará..., y adónde?
Antonio Chacón Cuesta (Almendralejo, 1919 - Zafra, 1965) publicó en el número 4 del semanario "Almendralejo", del día 31 de marzo de 1956 este bello poema dedicado a sus cinco primeros hijos (luego nacerían cuatro más). Hace unos días, Inma, una de sus hijas ha sido finalista del prestigioso Premio Planeta, con la novela "Tiempo de arena". Su hermana gemela, Dulce, desgraciadamente fallecida, tiene dedicada una calle y un parque en Almendralejo, la ciudad que vio nacer a sus padres. Antonio Chacón, que fue desde 1960 hasta su fallecimiento alcalde de Zafra, estuvo siempre muy vinculado con Almendralejo, de cuyas fiestas de la Piedad fue, en más de una ocasión, pregonero, caso notable, pero comprensible en una persona que unía a unas excelentes dotes de orador, una gran sensibilidad poética, de la que conocemos varias composiciones, algunas en castúo. Quede para otro momento, tal vez para otra pluma, ahondar en la vida y obra de nuestro paisano. Hoy, sobre todo, como recuerdo a Dulce y homenaje a Inma, traemos este emocionado recuerdo de un amoroso padre que nos revela las intimidades de "su tesoro" más preciado, teñidas con la incertidumbre de un futuro siempre desconocido: "¿Qué vendaval os llevará..., y adónde?"








