III PREGON DE SAN MARCOS

III Ricardo Quintana
Ricardo Quintana Sánchez-Bote (2010)

En el nombre sea de Dios
Y de la Virgen María
Ahora os vengo a saludar
En este glorioso día.
Y que sean muy buenos, mis queridos amigos y amigas –que ahora se dice- de nuestro adorado San Marcos Bendito.
“De ser bien nacidos es el ser agradecidos” dice el viejo refrán castellano, por ello, vaya pues a modo de embajador de mis palabras, mi sincero agradecimiento a la persona de D. José Alberto Pérez Álvarez, que, como Hermano Mayor de la Hermandad de San Marcos tuvo a bien depositar en mi persona su confianza al encargarme la responsable y a su vez preciosísima tarea de pregonar fiestas, unas fiestas que todo almendralejano de bien, tiene enraizadas, como las cepas de nuestros viñedos en lo más profundo de su alma, fiestas que no pudieran ser otras que las que celebran la tradicional Romería de San Marcos.
Deseo desde aquí, enviar un fortísimo saludo a mis predecesores en el oficio de pregoneros en las dos ediciones anteriores; dos pregoneros de categoría que tan altísimo listón dejaron con sus glosas; saludo, repito, a D. José Ángel Calero Carretero y a D. Francisco Zarandieta Arenas, colegas de quien les habla en el nobilísimo Arte de la Enseñanza y a la vez amigos de los de verdad en múltiples ocasiones demostradas.
Existen publicaciones en las que fehacientemente se expresan fechas muy alejadas en el tiempo y, gracias a ellas sabemos que nuestros antiguos paisanos ya gozaban con el día de la jira de San Marcos; y así aparecen suficientemente comentadas en un documento de 24 de Marzo de 1511, y también “La Revista Almendralejo” en su número del 27 de Abril de 1879 nos ofrece la más antigua crónica de esa romería.
Pero no van a ir encaminadas mis palabras a rememorar hechos históricos, que para eso ya lo hiciera como nadie pudiera hacerlo, mi, en su día, profesor de Historia y sabedor como nadie de nuestros ancestros el profesor Zarandieta.
Intentaré verter en este parlamento que hoy nos ocupa aquellos dulcísimos recuerdos grabados indeleblemente a fuego en mi alma infantil, de aquellas jiras de San Marcos que conocí a mediados de los años cincuenta del siglo pasado, fechas en las que mi memoria comienza a retener escenas en blanco y negro, que hoy podemos admirar en la colección de fotografías antiguas de la jira, que amorosamente realiza nuestro grandísimo amigo D. José López Dópido.
D. Manuel Machado y Ruiz, insigne poeta andaluz, conocedor como nadie del alma del pueblo sano y llano escribió en su día:
“Hasta que el pueblo las canta
Las coplas, coplas no son
Y cuando el pueblo las canta
Ya nadie sabe su autor.
Si hurgamos un poquito nada más en los libros antiguos, veremos cómo el hombre a través de los siglos ha tenido entre sus más imperiosas necesidades como la de comer, beber o reproducirse, la de también cantar coplas. Coplas que nadie sabe quién escribiera pero que el pueblo las canta y pasan de padres a hijos; o en el mismísimo campo, mientras arando tras las bestias, su vecino de besana cantaba tonadas desconocidas para él, pero aprendidas de inmediato dado el interés que despertaban en el mozo.
Y es que las coplas desahogan nuestras penas y alegran nuestras vidas.
Así encontramos coplas de bodas, de bautizos, de eras, de siega, de recolecciones, de matanzas y… ¡Cómo no! Coplas de jiras
A la jira a la jira
Garbanzos verdes
Que valientes lagartas
Son las mujeres , son las mujeres, son las mujeres
Y los hombres lagartos
Que las entienden
Porque en esta primera copla llena de sencillez pero cargada de viva, de real filosofía (como todas ellas) se adivina la eterna lucha entre hombres y mujeres, una lucha pícara en la que AMOR, como siempre, termina venciendo.
Manifestaremos que en aquellas primeras jiras de las que hacemos referencia, y de ello darán fe aquellas personas de mi época, se acudía a estos lugares huérfanos de edificios; y mi memoria recuerda al Cortijo de Zacarías de la Hera, el Cortijo de El Aire, el de la Mora y el de D. Isidro con su famosa fuente de agua casi “milagrosa” y algunos muy pocos más.
Y la charca de los “Gallegos”, hoy cegada y construida, se encontraba justo enfrente de esta hermosa ermita que nos acoge, ermita que bien podría mirarse en sus serenas aguas para comprobar, -coqueta ella- lo bonita que es.
Y en las aguas de esta charca quien se miraba era el cielo, unas veces azul, otras cargado de nubes negras…, y de nuevo la copla vuelve a sonar
Más de cuatro envidiosos
Que querían que lloviera
Se han tocado las narices
Que está un día de primavera.
Porque amigos, no es novedoso que en “Abril, aguas mil” y que “San Marcos llena los charcos…”
Y no es que estos terrenos fuesen idílicos ni muchísimos menos, dada la ausencia de árboles y de tan siquiera un pobrecillo río de aguas cristalinas; todo lo contrario, pues no es que sea un ejemplo de belleza ni de aromas campestres el regacho Harnina; por no haber no había ni ermita, ni tan siquiera una procesión al santo por no existir ni santo tan siquiera…
Pero algo tendrían aquellos terrenos baldíos sembrados de desnudos peñascos tan solo cubiertos de algún milenario liquen, que ejercían una poderosísima atracción para los vecinos de Almendralejo, sobre todo para la chiquillería que gozaba de lo lindo colándonos por los rincones de la “Cueva del Moro” o rompiendo, destrozando más bien, las culeras de los pantalones deslizándonos una y otra vez por la “Piedra resbaliza”, ambos monumentos hoy encerrados tras las verjas de un club privado, por lo que la mayoría de nuestros niños de hoy no pueden disfrutar de aquel sencillo embrujo.
Y desde nuestro pueblo hasta aquí cualquier medio era bueno para acceder; se llegaba andando, en bicicleta, en burro, en caballo y sobre todo, en carro.
A la jira, a la jira
Voy en un carro
Y mi hermano Pepe va en un caballo
Va en un caballo
Va en un caballo
la jira, la jira
Voy en un carro.
Carros fortísimos fabricados con madera de recia encina extremeña, pertrechados con llantas de hierro. Carros de yugo o de varas para una yunta de mulas o para solamente una caballería. Carros que salían orgullosos por su buena hechura y belleza de los talleres de D. Luis Ramírez Dópido, industrial de nuestra ciudad tempranamente desaparecido, pero dejando tras sí una una viuda íntegra y emprendedora, arropada por 5 ilusionados hijos, formando un compacto racimo como las miríadas de racimos que habrían que acarrear aquellos viejos carros desde la viña a la bodega.
Carros que allá en los años 59, 60 y 61 fueron sustituidos por remolques, también movidos por mulas y neumáticos que sustituyeron aquellas ruedas primitivas de llantas de hierro para ser posteriormente adaptados a los primeros tractores de la modernidad. Remolques que paseaban orgullosos por toda la geografía extremeña el rótulo: Viuda de Luis Ramírez Dópido e hijos. Fábrica de remolques. Almendralejo.
Pero volvamos al carro. El carro, símbolo del progreso en el devenir de los tiempos fue, sin lugar a dudas el gran protagonista de la jira que nos ocupa. Y las pandillas de jóvenes, las “partías” que se llamaban, acudían con muchísimos días de antelación a casa de alguna muchacha o de algún muchacho para fabricar cientos, miles de flores de papel de seda multicolor para adornar el carro, para que fuese el más vistoso y el más admirado. Y dando custodia al carro que transportaba sobre todo a las personas mayores y las viandas, iban los mozos sobre las mulas y orgullosos, transportaban a su novia o a su pareja a la grupa del animal.
Y de las bocas de las mujeres, siempre adornadas con flores al pelo, salían preciosos rosarios de piropos al carrero:
El carrero que llevamos
Es un valiente carrero
Que va guiando las mulas
Con muchísimo salero
Que va guiando las mulas
Con muchísimo salero
Mulas queridas por sus dueños hasta más no poder. Mulas de sugestivos nombres: “Cordobesa, Jardinera, Malagueña, Golondrina, Pajarita…” Mulas de las que tenían de 5 a 7 dedos a la cruz…
Y la copla del carrero era secundada por un estribillo a coro para reforzar lo dicho de él
Carrerito carrero
Carrero chulo
Que vendiste la manta
Por ocho duros
Por ocho duros
Por ocho duros
Carrerito carrero
Carrero chulo
Estribillo en el que se adivina un reproche al carrero; no un reproche duro y mordaz, todo lo contrario, un cariñosísimo reproche de connivencia y comprensión.
En estos otros versos vemos se le recordaba al carrero la responsabilidad que había contraído al haber aceptado la misión, cual buen capitán, de conducir aquel barco a buen puerto.
Carrerito, carrerito
Que no queremos carrera
Carrerito carrerito
Que no queremos carrera
Pero tampoco queremos
Que nos lleven delantera…
Y a continuación, alguien rompía a cantar aquel otro estribillo que bien pudiera ser:
Carrerito carrero
Carrero guapo
¿Qué le has hecho a las mulas
corren tanto?
Que corren tanto
Que corren tanto
Carrerito carrero
Carrero guapo.
Y la manta, indispensable e inseparable para el mozo no podía faltar en este otro cantar:
Carrerito que llevas
La mula al pelo
Mereces una manta
De terciopelo
De terciopelo
De terciopelo
Carrerito que llevas
La mula al pelo.
Posiblemente, en la figura de ese carrero, iba el corazón de la mujer enamorada, y orgullosa de él, más que “D. Rodrigo en la horca” que se dice, cantaba feliz, sin poder reprimir su amor.
El carrero que llevamos
Ahora se ha puesto de pie
El carrero que llevamos
Ahora se ha puesto de pie
Para que vea la gente
guapito que es.
Y los jinetes que acompañaban al carro, vestidos con pantalón de pana estrenado para la ocasión, botos de piel de becerro, chaqueta y tocados con sombrero de fieltro, descabalgaban a sus parejas y antes de nada despojaban de los aparejos a sus bestias, las ataban con una soga y les echaban un pienso. Y siempre había una soga a mano, bien para hacer un remo en la rama de un olivo, o bien para saltar las niñas a la comba, y cómo no iba a haber coplas de comba:
“Al cementerio subí
Con sangre puse el letrero,
Arriba puse mi nombre
Abajo puse te quiero
O, Dime palo de las escoba ¿cuántos coches llevará mi boda? Que uno, que dos, que tres…, y así hasta fallar el salto o desfallecerle las piernas.
Y aquellas partías de mozos y mozas contrataban los servicios de un acordeonista para amenizar el baile. De sus fuelles salían los más bellos pasodobles y canciones de moda para también disfrutar de la jira.
Y al compás de aquel acordeón surgían infinidad de parejas de nuevos novios que acabaron pasando por el altar.
Por ello no podemos por menos que recordar la “Jota de la Jira” que escribiera en su día el insigne almendralejano D. Juan Blasco Barquero, personaje enamorado de nuestras costumbres, de nuestra cultura y por desgracia, desaparecido muy joven.
Por San Marcos me juraste un día
Sentadito en la vara del carro
Tu cariño para toda la vida
Me darías para yo guardarlo
Y sonaron las coplas de ronda
Que mozos y mozas cantaron
En abril entre rayos de oro
Tus cariños al aire volaron.
Y las cestas de mimbre hacían aparición sobre los manteles en el suelo. Cestas con comidas preparadas con esmero para la ocasión. Y se abrían las fiambreras de aluminio exhibiendo las tortillas de patatas, las de espárragos, chuletillas de cordero, el chorizo y el salchichón de la matanza, el buen queso…y, ¡por fin!, el lomo, que ahora tenía la curación suficiente para estar en su punto óptimo de degustación.
Todo ello regado, como es natural, con vino de Almendralejo que salía cantarín y juguetón de las botas de piel de cabra que pasaban de mano en mano como “la falsa monea” de la tonadilla.
El arroz con leche, la leche frita, así como las perrunillas y las sólidas bollas de chicharrón, endulzaban los paladares en los postres.
Otras, y no pocas, “partías” optaban por la caldereta.
Venimos de Valdorite
De comernos un borrego
Venimos de Valdorite
De comernos un borrego
Si no lo quieres creer
Aquí traemos los cuernos
Si no lo quieres creer
Aquí traemos los cuernos.
Y el Tiempo, con sus botas de siete leguas, anda y anda sin parar. En un abrir y cerrar de ojos las familias de Almendralejo cuentan con un miembro más: el automóvil. Del mismo modo, aquellas mulas hermosas, dóciles, de las que hemos hablado, son relegadas para siempre por la modernidad de los tractores.
Todo esto hace que las distancias sean mínimas y el personal comienza a desplazarse a otros lugares. Así la zona del Pantano de Alange, Palacio Quemado o Bonaval, que también se dice, incluso Elvas la portuguesa ,o la mismísima Sevilla, conforman esos destinos de acogida de lo que hasta ayer fue San Marcos.
Son años de diáspora, y como toda diáspora es triste. Tan triste que en esos años quien hoy os habla, el día de San Marcos, sirviendo a la Patria,” peló” que se decía entre la soldadesca, una guardia, guardia eterna ,precisamente aquel día…
Y poco a poco, mis queridos amigos, como espárragos en primavera, brota una casa aquí, otra más allá y otra y otra y otra…Y en poco tiempo estos desérticos terrenos se ven plagados de bellísimas casas de campo formando modernas urbanizaciones.
La gente en el fondo, no está contenta. La gente quiere, recuperar la tradición. Y así, un grupo compacto de amigos, sin saber cómo, espontáneamente, se lanza y comienza a trabajar sin denuedo, robando horas a su familia, a su trabajo, a sus ratos de ocio.
Este grupo, afronta todo tipo de reveses y penalidades, organizan rifas, programas de radio, partidos de fútbol, corridas de toros. Reciben donativos… Y con su entusiasmo implican a toda aquella persona que tenga la más mínima posibilidad de arrimar su granito de arena a la empresa que se pretende. Así son envueltos entidades bancarias, asociaciones de vecinos, Asociación de Amas de Casa, -siempre solícitas estas damas para colaborar en cualquier evento-… hermandades, cofradías, y… ¡cómo no!, el C.I.T encabezado por la incansable figura de nuestro gran amigo D. Antonio Díaz Rodríguez, quien por su trayectoria y tesón merece el reconocimiento de este humilde vocero a quien conoció siendo niño…, y esa agrupación cultural y folclórica, investigadora a fondo de nuestras costumbres y tradiciones que tantísimas veces ha paseado el nombre de nuestra ciudad por todo el mundo, con sus coros y danzas; nos referimos, naturalmente a la Agrupación Cultural Tierra de Barros.
Así, tras muchas penas, aquella dura travesía cargada de tormentas y dificultades llega a buen puerto. Y el 25 de Abril de 1993 el Sr Obispo de Badajoz D. Antonio Moreno Montero oficia, ante miles de fieles, la Primera Misa Solemne inaugurando esta bellísima ermita. Y por fin, D. José González Hortigón y D. Juan Barco Díaz, como cabezas visibles de ese compacto grupo ilusionado, miran con sonrisas de la satisfacción del deber cumplido a los ojos de los cientos de sus colaboradores que se sienten sosegados y serenos ante los sueños hechos realidad. Y sobre todo miran constantemente a los ojos brillantes por alguna lágrima traicionera que resbala por la curtida faz de un humilde cura de pueblo que hoy ayuda al ilustre prelado pacense en el oficio religioso. Se trata ni más ni menos que del artífice máximo y alentador de la obra que ahora se inaugura: D. JESÚS NÚÑEZ MANCERA. Nuestro inolvidable, llorado y eternamente recordado Cura Jesús, que seguro ahora, junto al Padre Eterno, desde arriba nos escucha. D. Jesús de nuestra alma “Ruega por nosotros”.
Y, amigos…, del HOY de San Marcos. ¿Qué decir? Todos somos testigos. Ya habrá, seguro que lo cuente algún día, alguna persona que sustituya como pregonero a quien ahora termina su perorata.
La tarde del 25 marchó como de rondón sin darnos cuenta. El cielo se viste de oscuro. Aparece en todo lo alto, como reinona sin par de la noche abrileña la Luna Lunera cascabelera, que se complace en ver desde arriba los postreros romeros que a la ciudad regresan y entrecierra los ojos esbozando una beatífica sonrisa, mientras escucha feliz, los sones de aquella agradecida tonada:
A la Virgen La Piedad
Muchas gracias le daremos
A la Virgen La Piedad
Muchas gracias le daremos
que nos ha sacado en bien
De la jira que traemos
que nos ha sacado en bien
De la jira que traemos.
[Publicado en Asociación Histórica de Almendralejo, La Pieza del mes, 4, 2010]