plazaespronceda1895bNo corrieron en Almendralejo buenos tiempos para la lírica en aquel primer centenario del nacimiento de Espronceda en la Ciudad. Contaba Almendralejo con 12.558 habitantes, que la situaban en quinto lugar provincial, detrás de Badajoz (31.246), Don Benito (16.656), Villanueva de la Serena (13.500) y Azuaga (14.114).

Sus vecinos contribuyeron aquel año por inmuebles, cultivos y ganadería con la cantidad de 104.596,08 pesetas, cifra que sólo fue sobrepasada por Badajoz y Don Benito; en cambio, las cuotas que satisfacían al Tesoro por la tarifa industrial (17.358,43 pesetas) eran superadas por Badajoz, Mérida, Villanueva de la Serena, Don Benito, Llerena y Azuaga, en una provincia con muy escaso peso en este sector, mayoritariamente derivado de la agricultura y la ganadería.

La Hacienda municipal, apenas podía cubrir algunas necesidades de la población: una reparación urbanística como las de "la cloaca de la calle Francisco Pizarro que llegaba hasta la Plaza", que se había hundido en parte; o la reordenación de la citada Plaza de Espronceda, a cuyo alrededor se situaba el mercado de abastos entorpeciendo la vía pública, para trasladar los puestos al interior del paseo. Mandaron que las mercancías no se colocaran sobre el suelo, sino encima de mesas u otros aparatos semejantes, y se retiraran todos los días, limpiando el lugar una vez concluida la jornada, que se señalaba en las 9 horas para el verano y las 10 horas en el invierno.

La cuota que debían pagar a la Diputación Provincial siempre estuvo deudora en los plazos previstos, siendo amenazados, según ley, el alcalde, Godofredo Vázquez Gata, y los catorce concejales, que con él formaban la Corporación, a responder de su pago con sus propios bienes; situación que, por otra parte, fue bastante común en otras localidades, pero que, dada la riqueza de la ciudad, respondía, sin duda, a una mala gestión municipal.

Así, denegaron la petición de subida de la asignación municipal a los maestros; el mal estado del Hospital de San Juan de Dios lo quisieron solucionar con los beneficios de una capea benéfica, que fueron insuficientes; y no pudieron subvencionar "dadas las circunstancias precarias por las que atraviesa este municipio" la obra en prosa y verso que había publicado el escritor local Ángel López Ortiz de León titulada "Arpegios" [Badajoz, Antonio Arqueros, 1907, 138 pp. Prólogo de Enrique Real Magdaleno]. Uno de sus poemas, "En la tumba de Espronceda. A mi pueblo", recuerda el lugar donde nació el poeta y el olvido en que se le tenía:arpegios

"En medio un valle pintoresco y fértil,
alzase una ciudad, hoy rica y próspera,
de huertas circundada, cuyas frondas
detienen al viajero fatigado...
[...] Mas no busquéis en la ciudad dichosa
recuerdo alguno que su nombre evoque;
ni mármoles, ni bronces que al honrarle,
al pueblo honraran do rodó su cuna.
Que es ley del mundo, condición humana,
el olvido cruel de los que fueron;
¡mas, ay! que el pueblo que su gloria olvida,
se olvida de sí mismo y de su nombre..."

En efecto, en las conmemoraciones nacionales y provinciales que tuvieron lugar aquel año del Centenario de su nacimiento, la participación de Almendralejo fue mínima. El Ayuntamiento se quejó de que no le hubiera llegado una invitación a los actos promovidos por el Centro Extremeño de Madrid, que indicaba que sí la había cursado. Esta ausencia provocó una fuerte crítica del periódico quincenal editado en Madrid, "La Voz de Extremadura", que dedicó el número del 10 de abril de 1908 al poeta romántico.

Sin embargo, Almendralejo estuvo presente en Madrid, a título particular, en la persona de Guillermo García y Romero de Tejada, que años más tarde fundara el periódico "El Defensor de los Barros". El 27 de abril, el Ayuntamiento acordó contribuir con 250 pesetas a la iniciativa de "La Voz de Extremadura" de levantar un monumento al poeta, "sintiendo grandemente no poder desprenderse de mayor suma [...] debido a la imposibilidad absoluta dada la situación precaria por que atraviesa el erario municipal" (Libro de Acuerdos, 27-4-1908). La iniciativa popular suplió la carencia municipal y la Sociedad "El Obrero Extremeño", inició entre sus socios una suscripción para los mismos fines; aunque, al final, sin que conozcamos las causas, no se realizaría el citado monumento, pese a que el escultor Aurelio Cabrera había ya presentado un boceto del mismo.

reglamentofontesbTambién el entusiasmo de algunos jóvenes contribuyó a dotar al Paseo de la Piedad de un elemento que, con ciertas modificaciones, aún perdura. Pidieron permiso al Municipio para construir en el declive existente entre la segunda y la tercera calle del Paseo un kiosco para que fuera usado por la Banda de Música en las fiestas de la Piedad, días festivos y noches de verano, costeado por los solicitantes, quedando propiedad del Municipio. Encontraron, ¡cómo no!, apoyo en la Sociedad "El Obrero Extremeño", que colaboró con una aportación y la cesión de su piano, para la celebración de dos bailes que se organizaron con tal fin.

La acción social de la Iglesia también inició en aquel año la andadura de una Institución que, si bien no fue muy duradera, contribuyó a mitigar las carencias de la población más necesitada. Nos referimos a la apertura de la Caja de Ahorros y Préstamos y Socorros del Centro Católico de San José, presidida por el Padre Emilio Martín Quevedo, Superior de la Casa Colegio de los Misioneros del Corazón de María, en cuyas dependencias se encontraba. Los fines de esta Caja eran custodiar y hacer productivas las economías de las clases trabajadoras, prestarles a pequeño interés las cantidades para sus necesidades y socorrerlos por medio de préstamos sin interés en caso de enfermedad.

A finales del año comenzó a publicarse "La Voz de los Barros", que tendría una existencia de poco más de un año (53 números hasta el 2 de enero de 1910), semanario independiente dirigido por Luis Moreno Torrado

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