CCI Fiestas de Nuestra Señora de la Piedad y XLVII Feria de la Vendimia
El 13 de agosto de 2019 en el Salón de Plenos del Excmo. Ayuntamiento de Almendralejo tuvo lugar el solemne y emotivo acto de proclamación de la Reina, damas, miss turismo, pregonero y bodeguero de honor de las CCI Fiestas de Nuestra Señora de la Piedad y XLVII Feria de la Vendimia. Presentado con su habitual profesionalidad y maestría por Fernando Sierra Elías comenzó con una breve intervención del alcalde de la Ciudad, José María Ramírez Morán, que centró las circunstancias y la importancia del momento y felicitó a los galardonados. Se impusieron, a continuación, por parte del Alcalde las insignias que acreditaban estas distinciones, a Ana García Cáceres, representante de la barriada de las Mercedes, como Reina de la fiestas de 2019, y a sus damas de honor, que como ella eran representantes de las distintas barriadas de la Ciudad, Lola Almeda Bautista (Barriada de Santiago), María José Álvarez Navia (San Roque), Laura Cruz García (San José), Alba Galán Aguado (San Antonio), María del Mar Benítez Honrado (Paz), María Mogollo Díaz (Mercado), María Castilla Preciado (Centro) y Gema Cruz García (Farola). También a Mariam Romero Gómez, Miss Turismo, representando al Centro de Iniciativas Turísticas; al pregonero José María Fernández de Vega y al bodeguero de honor, distinción que este año ha recaído en una institución, la Estación Enológica de Almendralejo. El acto concluyó con un homenaje de la Reina, Damas y Miss Turismo a sus familiares, madres, padres o abuela, entregándoles una fotografía enmarcada.
Nos sirve este artículo, además de dar noticia del acontecimiento, para recordar a todas las reinas, pregoneros y bodegueros de todas las ediciones de la Feria de la Vendimia, desde sus comienzos en 1972 hasta la actualidad, que se han celebrado ininterrumpidamente, salvo en 1977. En la madrugada del 30 de marzo de aquel año se helaron las viñas de Tierra de Barros: grandes pérdidas económicas, aumento del paro y desolación en los campos y en las almas, hicieron que los organizadores decidieran suspender la Feria aquel año.
Durante unos años (1988-1994), el título de “reina” fue sustituido por el de “vendimiadora mayor”. En el decenio 1972-1982 ambas fiestas se celebraron en fechas distintas. Se unificaron, en el mes de agosto, a partir de 1983.
Años |
Reinas/ *Vendimiadoras Mayores |
Pregoneros |
Bodegueros |
1972 (I) |
María Schlegel Iglesias |
Julio Cienfuegos Linares |
Marcelino Martínez Cortés |
1973 (II) |
Mª Purificación González-Navia Sayago |
Antonio Cortés Lavado |
Lorenzo Alcántara Pardo |
1974 (III) |
Mª del Carmen Pérez de la Hiz |
Enrique Sánchez de León Pérez |
Juan Lavado Navia |
1975 (IV) |
Mª Fernanda García Camacho |
Manuel Martínez-Mediero Díaz |
Fernando Corchuelo Donoso |
1976 (V) |
Mª Soledad López-Navarrete Garrido |
José Miguel Santiago Castelo |
José Ortiz Tolosa |
1977 (-) |
suspendida |
suspendida |
suspendida |
1978 (VI) |
Inmaculada Fernández Crespo |
Luis Ramallo García |
Juan Macías Santos |
1979 (VII) |
Mª Dolores Izquierdo Mora |
Juan Ant. Ortega Díaz-Ambrona |
Francisco Fernández García |
1980 (VIII) |
Petra Gutiérrez Álvarez |
Feliciano Correa Gamero |
Domingo Rodríguez Suárez |
1981 (IX) |
Mª Ángeles Agudo Martínez |
Manuel Terrón Albarrán |
Máximo Gómez del Castillo Díaz |
1982 (X) |
Mª Gloria Juárez Sánchez-Grande |
Antonio Bellido Almeida |
Pedro Preciado Fernández |
1983 (XI) |
Francisca Ramírez Manchón |
Basilio Rogado Adalia |
Juan Sánchez Santos |
1984 (XII) |
Mª Luisa Rastrollo Félix |
Matías Prats Cañete |
Marcelino Díaz González |
1985 (XIII) |
Mª Dolores Santos Corchado |
Antonio Jiménez Martínez |
Cooperativa del Campo San Marcos |
1986 (XIV) |
Mª del Carmen Villena Barrera |
Juan Diego Ruiz Moreno |
Cofradía del Vino Tierra de Barros |
1987 (XV) |
Mª Soledad Vidal Rodríguez |
Juan Pablo García Abril |
Agrupación de Cooperativas Extremeñas |
1988 (XVI) |
Juana Núñez Martínez* |
Juan de la Cruz Gutiérrez Gómez |
Paloma González del Valle García de la Peña |
1989 (XVII) |
Concepción Márquez Cansado* |
Amador Rivera Pavón |
José Franco Merchán |
1990 (XVIII) |
Leonor Donoso Blanco* |
José Ángel de la Casa Tofiño |
Emilio Reviriego Maqueda |
1991 (XIX) |
Mª Luisa Bote Viera * |
Matilde Martínez Pérez |
Ventura de Vega Arroyo |
1992 (XX) |
Marta Silva Moreno* |
Francisco Ortiz Calurano |
María Alonso Vázquez |
1993 (XXI) |
Mª (Marina) del Carmen Moreno Sánchez* |
Pedro Preciado Sánchez |
S.A.T. Viticultores de Barros |
1994 (XXII) |
María Cidoncha Tolosa* |
Filo Fernández Zambrano |
Diego Nieto García |
1995 (XXIII) |
Isabel Mª Díaz Rodríguez |
Francisco Tejada Vizuete |
Cooperativa del Campo San Marcos |
1996 (XXIV) |
Venus García Aguilar |
Francisco Croche de Acuña |
José Ortiz Arias |
1997 (XXV) |
Josefina Barragán Merino |
Ángela Mª Murillo Bordallo |
Consejo Regulador “Ribera del Guadiana” |
1998 (XXVI) |
Mª Cruz González Gil |
Juan Navia Roque |
Bodega Viña Extremeña |
1999 (XXVII) |
Alicia Salvador Barrero |
Jesús Núñez Mancera |
Lusa Extremeña S. L. |
2000 (XXVIII) |
Mª Carmen Palacios Mora |
Francisco Zarandieta Arenas |
Viñaoliva |
2001 (XXIX) |
Rosa Mª Gragero Domínguez |
José Vicente Solarat López |
Bodegas Inviosa-Lar de Barros |
2002 (XXX) |
Rosario Paredes González |
Manuel Veiga López |
José Álvarez Apolo |
2003 (XXXI) |
Gema Mª Parra Lázaro |
Tobías Medina Cledón |
SAT Las Minitas |
2004 (XXXII) |
Josefina Martínez Barrena |
Pilar Blanco-Morales Limones |
SAT San Antonio |
2005 (XXXIII) |
Sonia Perero González |
Concha y Miguel Rodríguez |
SAT Viñarroba |
2006 (XXXIV) |
Mª del Carmen Moreno Gómez |
José Luis González Barrera |
Bodegas Martínez Payva |
2007 (XXXV) |
Lorena Álvarez Bermúdez |
Jesús Sánchez Adalid |
Bodegas Sani |
2008 (XXXVI) |
Mª Dolores Lagar Martínez |
José de Espronceda Delgado |
Vade Mecum Bodegas |
2009 (XXXVII) |
Mª Dolores Montes Salinero |
Carmen Fernández-Daza Álvarez |
Museo de las Ciencias del Vino |
2010 (XXXVIII) |
Laura Álvarez Castaño |
Manuel Mosquera Bastida |
SAT Viticultores de Barros |
2011 (XXXIX) |
Elena Díaz Rodríguez |
José Ángel Calero Carretero |
Carlos Plaza Uñac |
2012 (XL) |
Rocío González Argüello |
Antonio Elías Pérez |
Diego Nieto García |
2013 (XLI) |
Fátima Triviño Belinchón |
Antonio Barrios Merino |
Jorge López-Morenas Suárez |
2014 (XLII) |
Mª Isabel Chávez Vélez |
Julio Holgado Gómez |
Mª Dolores Vargas Navia |
2015 (XLIII) |
Mª Jesús Santana González |
Antonio Díaz Rodríguez |
Carmen Vázquez Arroyo |
2016 (XLIV) |
Noelia Gragero Villar |
Luis Cordero Nisa |
Antonio Sánchez Santos |
2017 (XLV) |
Mª Victoria Cortés Rama |
Isabel Alcántara Peguero |
Marifé Fuentes Suárez |
2018 (XLVI) |
Margarita Ramírez Sánchez |
Alicia García Rubiales |
Fernando Giménez Alvear |
2019 (XLVII) |
Ana García Cáceres |
José Mª Fernández de Vega |
Estación Enológica de Almendralejo |
DON JOSÉ MARÍA RAMÍREZ MORÁN, ALCALDE DE ALMENDRALEJO (15-06-2019)
El 15 de junio de 2019 tuvo lugar en el Salón de Plenos del Excelentísimo Ayuntamiento de Almendralejo la solemne sesión de constitución de la nueva Corporación, salida de las urnas el anterior 26 de mayo. Los partidos políticos que han obtenido representación en el Ayuntamiento de Almendralejo han sido los siguientes:
Partido Socialista Obrero Español: 10 concejales (José María Ramírez Morán, Raquel del Puerto Carrasco, Juan Manuel Forte Morán, Tamara Rodríguez Mesías, Domingo Cruz Reviriego, Juliana Estela Megías Peñato, Saúl del Amo Enrique, Isabel Ballesteros Guerrero, Pedro Manuel Álvarez Franco, Josefa Barragán Merino).
Partido Popular: 7 concejales (José García Lobato, Luis Alfonso Merino Cano, Eva Pérez Zamora, Aránzazu Jiménez Rama, Carlos González Jariego, Juan Daniel Bravo Martínez, José Alberto Pérez Álvarez).
Ciudadanos – Partido de la Ciudadanía: 3 concejales (Juan Arias Domínguez, Macarena Domínguez Carrillo, Antolín Trigo García).
VOX: 1 concejal (Eloísa María Gracia Montaño) Tomada posesión de su cargo
Una vez tomada posesión de sus cargos se procedió a la elección de alcalde, que recayó en don José María Ramírez Morán que recibió 13 votos (10 del PSOE y 3 de Cs); don José García Lobato recibió 8 votos (7 de PP y 1 de VOX).
Por la singularidad del acto recogemos, tal como figuran en el Libro de Actas, las palabras pronunciadas por los representantes de los cuatro grupos políticos, tras la proclamación del alcalde:
Raquel del Puerto [Grupo Socialista] comienza felicitando, como Alcalde, a José María Ramírez Morán. En segundo lugar, a todos los que han votado a la candidatura de su partido y a todos los que han asistido al Pleno. En tercer lugar, pide colaboración de todos en esta legislatura.
También agradece especialmente la labor desarrollada por todos los compañeros socialistas que han sido miembros de la Corporación y, especialmente, a los que hoy no repiten, porque han dado lo mejor de sí.
Asimismo, da las gracias a todos los ciudadanos que han mostrado su apoyo a los candidatos de su partido, antes, durante y después de las elecciones.
Para finalizar, señala que en Almendralejo comienza un tiempo nuevo, un tiempo de cambio, en el que van a trabajar para seguir mejorando la ciudad. Pujante, alegre y amable y todo esto será posible si se trabaja en equipo con diálogo, con honradez y, sobre todo, con mucho esfuerzo.
Interviene en segundo lugar, por el Grupo Popular, el Sr. García Lobato, para señalar que sus primeras palabras, como no pueden ser de otra forma, son para felicitar a don José María Ramírez Morán como Alcalde de Almendralejo. También felicitar a los compañeros de Corporación de los diferentes Grupos, algunos más acostumbrados, ya que han repetido más de un mandato. Otros nuevos, a los que da la bienvenida. A don José Mª Ramírez Morán desearle suerte, de manera sincera, para que lleve a cabo todos aquellos proyectos que sin duda alguna repercutirán en beneficio de Almendralejo. El Grupo Popular hará su labor propia, como Grupo de oposición, en cuya labor habrá puntos de desencuentro, también de encuentro y encontrará en su Grupo las mismas ganas de trabajar por Almendralejo. Le desea suerte a él y a su Grupo.
Al Grupo Ciudadanos le da la enhorabuena, deseándole un “gran éxito en estas lides políticas”. Ha entrado hoy en esta Corporación “coronándose” y, en lo personal, uno tiene que ser fiel a sí mismo. A doña Eloísa Gracia le da la enhorabuena, ya que viene a representar como concejal del Ayuntamiento a una formación política elegida de forma democrática, teniendo derecho a tener voz y voto en este pleno.
Espera tener, desde su posición en esta Corporación, colaboración y le da ánimo para la labor que les queda.
Para sus compañeros que están presentes y para los que han sido elegidos en otros mandatos y los que les han estado apoyando, darles mil gracias de corazón, ha sido un placer haber trabajado con todos y, sobre todo, mucha entereza y mucho ánimo y seguir trabajando para hacer lo mejor por la ciudad. Muchas gracias y, a don José María, ¡Felicidades!
Interviene por el Grupo Municipal Ciudadanos Partido de la Ciudadanía el Sr. Arias Domínguez para señalar, en primer lugar, que corresponde dar la enhorabuena al Sr. Ramírez Morán, resaltando que desde Ciudadanos han apostado por apoyar su candidatura, implicándose en la acción política por el bien del municipio, exclusivamente por este objetivo, siendo conscientes que no gustaría a todo el mundo. En segundo lugar, quiere agradecer a todos sus compañeros, a toda la Agrupación y a todos los votantes de Ciudadanos, poniendo de manifiesto que no van a decepcionarlos, que seguirán trabajando por Almendralejo, no entrando en la dinámica de retos y reproches, limitándose a trabajar por el pueblo, de la mejor manera posible y desde el puesto que sus compañeros y los votantes le han colocado.
Interviene la Sra. Gracia Montaño para sumarse a la felicitación a José María Ramírez Morán por su elección como Alcalde. En segundo lugar, manifiesta que es un orgullo representar a los vecinos de Almendralejo y aunque su Grupo no tiene más que un concejal, ello no impedirá trabajar por el bien de Almendralejo, ofreciéndose para esa labor.
Interviene el Sr. Ramírez Morán dando, en primer lugar, las gracias a todos, dirigiéndose a todos los compañeros de Corporación, al Secretario, al Subdelegado del Gobierno, a los Diputados del Congreso y de la Asamblea de Extremadura, a los vecinos y vecinas que se encuentran presentes en el Salón de Plenos, así como a los que les escuchan por otros medios o nos veis por otros medios, a través de las redes sociales, en las que tendrán que verles y oírles en el futuro, así como en la página web del Ayuntamiento.
El breve, pero solemne, acto que se acaba de celebrar [-dice-] ha tenido dos momentos distintos y diferenciados:
-La toma de posesión de los concejales.
-La elección del Alcalde de la Corporación, que ha recaído en mi persona.
Y a ambos quiero referirme en esta intervención.
Sin falsa modestia, el primero de ellos puede tener menos trascendencia popular o informativa pero es el más trascendental. En él todos los concejales que hemos sido elegidos democráticamente en las tres opciones políticas que se han presentado en las últimas elecciones, hemos tomado posesión de nuestros cargos, jurando o prometiendo nuestro sometimiento a la Constitución y a las Leyes. El rival democrático que cada cuatro años se celebra en nuestro país desde la restauración democrática, adquiere especial relieve en las elecciones municipales. Sin menospreciar a otros representantes populares de ámbitos geográficos superiores, es en el nuestro donde estamos más cercanos al pueblo, donde se nos conoce, a nosotros y a nuestras familias, y donde más fácil resulta el acceso para plantear los problemas, propuestas o sugerencias de los vecinos.
De ahí mi más sincera felicitación a todos los que comenzamos a formar parte de la Corporación, y especialmente a los catorce nuevos respecto de la anterior legislatura, aunque algunos ya han formado parte de Corporaciones anteriores, agradeciendo especialmente vuestro arrojo y decisión de formar parte de los candidatos, cuando a veces, nuestro trabajo, aunque imprescindible, es también incomprendido.
Nos hemos comprometido todos a ejercer nuestras funciones con respeto a las normas, pero también espero que con tesón, respeto de las reglas del juego democrático y sobre todo poniendo por encima los intereses generales a los particulares.
Sin que en absoluto signifique eludir las responsabilidades de los que formen parte del equipo de gobierno, y que pueden tener responsabilidad en los asuntos cotidianos, todos los concejales formamos parte del Pleno corporativo, donde se toman las decisiones más importantes desde nuestro ámbito, y desde el que, además, se controla y se hace el seguimiento del gobierno municipal.
Con independencia del respeto a cada opinión política y a los distintos puntos de vista que cada uno puede tener respecto de cualquier asunto, todos debemos tener la máxima de buscar lo mejor para nuestro Almendralejo, que es para lo que los electores nos han designado.
Y aquí especialmente quiero traer las palabras de Chiara Lubich y en ese movimiento por la fraternidad que se quiere introducir en la vieja Europa:
“Constatamos que, el vivir la propia opción política como una vocación de amor, lleva a comprender que también los que han hecho una elección política diferente de la nuestra, pueden estar empujados por una vocación de amor semejante. Y que también ellos forman parte –a su modo- del mismo designio, aunque se presenten como adversarios. La fraternidad permite reconocer su función, respetarla y ayudarles, a través de una crítica constructiva, a ser fieles a su opción mientras nosotros lo somos a la nuestra.”
No, no es que me haya equivocado en mis anteriores palabras. Sé que son cuatro y no tres las opciones políticas con representación en el Pleno y que son doce y no catorce los nuevos ediles. Es que lo que acabo de leer está recogido literalmente del acta del Pleno de la Corporación de 14 de junio de 2003 (Discurso 2003), hace 16 años y un día y las pronuncié yo mismo al tomar posesión entonces de este mismo cargo. Y lo que dije entonces ahora lo repito con más firmeza y convicción, y que se resume en dos ideas: que debemos trabajar por el bien de la Ciudad y no por el interés propio, y que tenemos que llevarnos bien, respetándonos e intentando empatizar entre nosotros.
El segundo momento de este Pleno es en el que he resultado elegido Alcalde por los Concejales, como manda la Ley y ha jurado cumplir con sus obligaciones con lealtad al Rey y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado.
Os confieso que he estado tentado a añadir algo a esa fórmula ritual como hay están haciendo muchos concejales en toda España, especialmente en Cataluña, añadiendo una frase ocurrente, pero no quiero contribuir al ambiente nacional en el que estamos metidos, ni quiero que se interprete políticamente de otra forma. Pero en este momento sí que lo digo. Como he tenido la oportunidad de enseñar el texto constitucional a muchos alumnos, a la Constitución Española la conozco, la quiero, la acato, la respeto y la defiendo, desde el principio hasta el final. Desde el título preliminar, en el que se establece que España se constituye en un Estado social y democrático de derecho que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico, la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político y que la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación Española, patria común e indivisible de todos los españoles.
Desde este título preliminar hasta el último, que habla de la reforma de la Constitución. Todo en ella se puede reformar, pero de la forma que establece la propia Norma, no como a cada uno le apetezca en cada momento.
Pero entre el principio y el final, quiero destacar dos apartados: el que habla de la Organización Territorial del Estado. Que se organiza en municipios, provincias y comunidades autónomas, que gozan de autonomía para la gestión de sus intereses, en nuestro caso, a través de este Ayuntamiento, la Diputación de Badajoz y la Junta de Extremadura.
Además de la organización política, también quiero referirme a los derechos y deberes de los españoles, los que son considerados como fundamentales y los que no tienen esa calificación, pero que para mí personalmente son más básicos: el derecho al trabajo, la protección de la familia (de todas las familias), el régimen público de la Seguridad Social, la protección de la salud, el acceso a la cultura, la protección de nuestro patrimonio histórico, el derecho a una vivienda digna, el que existan unas pensiones dignas, periódicamente actualizadas. Derechos que se deben llevar a la práctica en nuestro ámbito de competencias porque hemos jurado o prometido la Constitución y defenderla, y así estamos obligados en la medida de nuestras posibilidades y de nuestros recursos en el ámbito local.
Y la base de nuestra actuación será nuestro propio programa político y el del Grupo que nos ha prestado su apoyo, Ciudadanos; constituyendo un gobierno local basado en la ética, la confianza, la transparencia, el buen gobierno y la participación ciudadana. Enfrentándonos a los retos que tiene la ciudad, para poder lograr más crecimiento y empleo, con la colaboración de los empresarios y de otras administraciones públicas. Más seguridad, para sentirse tranquilos, haciendo cumplir las normas que estén vigentes. Más Educación y más Cultura, ya que una ciudad más culta siempre será una mejor ciudad. Más bienestar, para niños, jóvenes y mayores y para todos aquellos que más lo necesiten, por su situación económica o social. Más transparencia y participación, donde se responda a los retos y demandas de la sociedad actual.
En definitiva, para que entre todos y todas, se forme parte del gobierno o no, hagamos un Almendralejo mejor, con un firme propósito de enmienda, todos, sobre nuestros errores. Cualquier tiempo pasado fue peor, por lo que solo debemos mirar al futuro.
Y todo ello, pidiendo el apoyo de todos los funcionarios y empleados públicos del Ayuntamiento de Almendralejo, muchas veces los grandes olvidados, pero sin los cuales no podríamos desarrollar nuestra función.
Y pidiendo también el apoyo de la oposición. ¡Qué poco me gusta este término!: no estamos opuestos en nada, somos compañeros y estoy seguro que todos queremos lo mejor para Almendralejo. Critiquémonos mutuamente si es necesario, eso sí, con respeto, pero buscando el bien común.
Quiero hacer mías las palabras de John Fitzgerald Kennedy pronunciadas en su discurso de investidura: Exploremos ambas partes las cuestiones que nos unen, en vez de insistir en las cuestiones que nos dividen (Discurso 2011). Lo que acabo de expresar lo dijo el 11 de junio de 2011, en este mismo salón y por el mismo motivo que hoy, don José García Lobato, anterior Alcalde, y como entonces hiciste tú, compañero Pepe, mi reconocimiento y el de mi Grupo a ti y a tus concejales, porque, con aciertos y errores, como todos hemos tenido y tendremos, habéis trabajado por el bien de nuestra ciudad.
Por último, quiero agradecer a todos los que me habéis apoyado: a los ciudadanos anónimos, a los que lo hicisteis por la calle y en las redes sociales. Especialmente, a mi familia socialista, a los compañeros y compañeras que tanto habéis trabajado para llegar hasta aquí.
Y como no, a mi familia real. A los que ya no están, especialmente a mi hijo Chema, nunca te olvidaré, a mi hermano Manolo y a mi madre. Pero, sobre todo, a los que sí estáis aquí: a mi hija, a mi hermana, a mi mujer y a sus hijos, que son como míos, a mis sobrinos y a mis nietos. Os quiero de verdad. Que todos vosotros y la Virgen de La Piedad, me deis fuerza. Muchas gracias.
I CHARLA-PREGÓN DE LA HERMANDAD Y COFRADÍA DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA BUENA MUERTE Y LA SANTA VERA CRUZ DE ALMENDRALEJO. 29 de marzo de 1999
El Lunes Santo, 29 de marzo de 1999, en la Iglesia de San Antonio, de Almendralejo, tuve el honor de iniciar los pregones pascuales organizados por la Hermandad y Cofradía del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y la Santa Vera Cruz de Almendralejo. Hoy, veinte años después, (Semana Santa de 2019, después del rezo de los tres credos y apenado porque a las dos de la madrugada no ha podido salir la procesión por causas meteorológicas) lo vuelvo a proclamar con los mismos sentimientos de entonces, aunque el lector sabrá entenderlo en el entorno finisecular del momento. Como advertí ese día, también recogía en aquel texto algunas expresiones vertidas en el Pregón de la Semana Santa de diez años antes (1989) que igualmente tuve la responsabilidad de celebrar. Esta charla-pregón también se publicó en el Boletín Informativo de la Hermandad del año 2000.
Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Hermandad y Cofradía del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y la Santa Vera Cruz. Sacerdotes. Hermanos cofrades. Queridos amigos todos.
Os agradezco el honor que me habéis dispensado y la responsabilidad que en mí habéis depositado para comenzar este ciclo anual de charlas-pregones, a medio camino entre la confidencia cofrade y el anuncio de los desfiles procesionales de nuestra Semana Mayor.
La CHARLA pretende que nos situemos en el espacio físico, histórico y espiritual de este templo. Hace unos cuatrocientos años, la villa de Almendralejo manifestaba públicamente sus deseos de contar en ella con un Convento de frailes que vitalizara aún más la devoción de nuestros antepasados. Se hicieron gestiones por parte del Concejo y en el año 1600 se obtuvo la correspondiente licencia para que se erigiera un Convento de Carmelitas Descalzos en la ermita de Nuestra Señora de la Piedad. La fundación no pudo llevarse a cabo por diversos motivos, y medio siglo después un vecino de Almendralejo, Fernando Nieto Becerra “movido de caridad y devoción” se quiso encargar de hacerla a su costa.
Las circunstancias por las que pasaba entonces Extremadura que sufría por su situación la guerra con Portugal, hizo que las gestiones se realizaran con otra Orden religiosa. La guerra había provocado la ruina de muchos conventos franciscanos descalzos instalados cerca de la frontera, y después de que se perdiera el situado en Alconchel, se solicitó que se edificara en Almendralejo. Las negociaciones concluyeron con la Real Cédula de 1654 por la que Fernando Nieto, su mujer Juana Alvarado Mendoza y la hermana de ésta, Leonor, se comprometían a edificar el convento y la iglesia y a que con las rentas provenientes de una Obra Pía fundada sobre sus bienes se pudiera mantener la comunidad de franciscanos.
Los fundadores fallecieron a los pocos años. Se enterraron en la Parroquial de la villa a la espera de que concluyera este templo. El 25 de noviembre de 1717 se trasladaron a esta sepultura que ocupan junto a las gradas del altar. Y es que su muerte debió retrasar bastante las obras, que ocuparon casi toda la segunda mitad del siglo XVII. A finales de 1697 se había terminado la Iglesia, cuya portada lleva inscrito el año de 1694; el 14 de septiembre de 1698 se colocó en ella el Santísimo Sacramento con gran solemnidad (festividad de la Exaltación de la Cruz de hace 300 años: no deja de ser significativo que ahora lo estemos recordando ante el Cristo clavado en la Cruz, muriendo, el Cristo de la Buena Muerte). Sin embargo, el Convento no se dio por terminado de manera oficial hasta cerca de un siglo más tarde, en 1785. Cincuenta años después, el 28 de septiembre de 1835 se cerró definitivamente el Convento, debido a las leyes desamortizadoras; los frailes habían sido expulsados unos días antes.
El edificio del Convento tuvo después variados destinos en manos de distintos propietarios (fábricas de alcohol y de harinas, almacenes de aceitunas, cine, Colegio Nuestra Señora de la Piedad, taller de carreteros, pajares, corralones...); la mayor parte del mismo, después de haber estado mucho tiempo en ruinas, ha sido felizmente recuperado como Casa de la Cultura; falta por terminar el Conservatorio y acondicionar dignamente de acuerdo con la tradición que poseen, la Plaza y el Parque.
La Iglesia quedó casi abandonada y surgió primero un sacerdote ejemplar y después una dama fervorosa. El sacerdote, Jerónimo Carballar que en el primer cuarto de nuestro siglo mantuvo el templo en pie, con las reparaciones necesarias, construyó la casa de la ermitaña (año 1901, en su fachada), fundó asociaciones religiosas (Orden Terciaria, Pan de los Pobres) y difundió incansable el culto a San Antonio.
Después de su muerte, en 1926 las diversas circunstancias de nuestra historia provocaron de nuevo el abandono de la Iglesia, hasta que en los años cincuenta surgió otra persona ejemplar, Paca Calero, presidenta de la Hermandad de San Antonio desde su fundación en 1954 hasta su reciente fallecimiento. El trabajo y el entusiasmo de las diversas Juntas que se han ido sucediendo y la semilla que sembró, son historia presente, vivida, sentida por todos los devotos de San Antonio y, como era persona emprendedora y sencilla, sólo con evocar su memoria nos llega un sentimiento de acción de gracias a Dios por haberla conocido. Su último anhelo era arreglar las bóvedas de la Iglesia. No lo pudo ver entre nosotros, pero esperemos que pronto sea una realidad.
A lo largo de 180 años los franciscanos convivieron con nuestros antepasados y dieron a la villa lo que de ellos se esperaba “buen ejemplo, enseñanza, confesiones y predicación”. Almendralejo se mostró devota con sus Santos, particularmente San Francisco, San Antonio y San Pedro de Alcántara, les auxilió con sus limosnas y consagró a la Orden muchos de sus hijos. Las Crónicas de la Orden Franciscana recogen la vida y virtudes de Fray Diego de Almendralejo, Fray Francisco, Fray Pedro de San Lorenzo, y otros que pasearon por el mundo, a una y otra orilla del océano, el topónimo de Almendralejo con el que solían identificarse los religiosos franciscanos.
El más conocido de todos ellos fue Fray Pedro del Almendralejo, autor de varias obras que vieron la luz de la publicación, y que le convierten en el primer escritor conocido nacido en Almendralejo por su libro “Espejo de Prelado”, sobre la vida de San Luis, el Obispo de Tolosa. Se imprimió en Madrid en 1677. Estuvo varias veces en este Convento cuando venía a predicar la Cuaresma por encargo del Ayuntamiento. Salía con los vecinos a rezar el Vía Crucis los viernes, predicándole en las estaciones, parándose especialmente en aquella hermosa cruz que estaba en el Cabezo, entre la silera de Santa Ana y el pueblo. Veis, nos vamos acercando a nuestra Semana Santa.
Y es que los Santos franciscanos del retablo mayor situados a ambos lados del titular del Templo nos la recuerdan constantemente. San Francisco y San Pedro de Alcántara llevan en sus manos la cruz de Cristo. La devoción principal del apóstol de Extremadura era la Cruz, por lo que al final de cada misión quedaba en cada pueblo una gran cruz de madera. Y San Francisco cuya aspiración suprema era parecerse a Cristo en la cruz recibe la impresión de las cinco llagas en su propio cuerpo y cuando llega el final de sus días saluda con alegría a la hermana muerte, la buena muerte. Dice así en su “Cántico de las criaturas”:
Y por la hermana muerte, ¡loado mi Señor!
Ningún viviente escapa de su persecución;
¡ay, si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!
¡Cristo de la Buena Muerte! La charla nos ha llevado al PREGÓN y, como estamos en Almendralejo, el pregonero quiere ahora saludar a la Virgen de la Piedad, patrona nuestra, que acoge los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de sus hijos allá donde se encuentren. Danos, Señora, una Semana Santa perpetua de la que estos días venideros sean sólo puntos de referencia en nuestro caminar constante hacia tu Hijo.
La Hermandad y Cofradía del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y la Santa Vera Cruz es nuestra Cofradía más joven. Este viernes santo, en la madrugada, hará por tercera vez estación de penitencia, recorriendo el Vía Crucis de nuestra ciudad que se convierte en una Jerusalén recogida, devota y penitente, que vive los misterios de nuestra fe y acompaña a nuestro Cristo por la vía dolorosa, intemporal y actual, a la vez.
Tiene por titular a la imagen del Cristo de la Buena Muerte, necesitado de restauración artística para poder desfilar, por lo que ahora procesiona un Cristo Crucificado que se venera en la capilla del Bautismo de la Parroquia de la Purificación. Todavía no disponemos de muchos datos históricos sobre la imagen titular, que no aparece en sendos inventarios consultados, uno de 1795 y otro de 1907, por lo que tendríamos que deducir que es una imagen reciente, al menos en este Templo. La devoción popular por esta imagen está muy arraigada y recordamos haber aprendido la oración de la Buena Muerte, tomándola de una cartela que estaba situada a sus pies:
Señor de la Buena Muerte
amantísimo Jesús mío,
dame una buena muerte
según en tu piedad confío.
Por tu pasión y muerte
atribulado Redentor mío,
vaya después alegremente
a gozar en el Empíreo
¡Cristo de la Buena Muerte! ¡Vera Cruz! ¡Vía Crucis! Todo nos remite al misterio central de la muerte de Cristo, y nos recuerda a los franciscanos que, sin duda, nos trajeron estas tradiciones. La Vera Cruz es recuerdo de la cruz de Cristo esculpida en la fachada lateral de este conventual franciscano. En el bloque liso de la piedra una sencilla cruz nos invita a aceptarla y a cargar con ella en el camino de la vida. Y la práctica piadosa del Vía Crucis es también una devoción introducida en España por los franciscanos
En el silencio de la madrugada del viernes, cuando Jesús ya ha consumido parte del cáliz de la amargura, aparece la hermana muerte. La campana que toca a réquiem rompe el silencio de la noche almendralejense y Cristo, clavado en el madero, sale por la puerta de la Vera Cruz, en el momento de ser elevado sobre la tierra. Lo había predicho poco antes, diciendo de qué forma iba a morir: “Cuando yo sea levantado de la tierra atraeré a todos hacia mí” (Jn, 12. 32).
Su cuerpo se está desgarrando, más si cabe, al irse poniendo vertical el madero. Los claveles rojos que le sirven de suelo avivan sus colores con la sangre del Redentor. El cáliz que le ofreció el ángel en Getsemaní está consumiendo sus últimas gotas de sufrimiento.
Jesús se ha ido adentrando en la soledad. Mucha gente le acompañó en su entrada en Jerusalén, los amigos íntimos en la Cena eucarística, aunque allí también estuviera Judas; sólo tres de ellos, Pedro, Santiago y Juan, en Getsemaní, y no han sido capaces de velar con él y se han dormido, dejando a Jesús solo en su plegaria.
Y después, la traición, el beso que pone en el Maestro una mirada de tristeza infinita y la suave queja del reproche: “Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?” (Lc, 22, 48). En los pasos de la Real Cofradía de la Oración en el Huerto y el Beso de Judas, tenemos la síntesis del misterio: la túnica roja, agónica, de la oración; la túnica blanca, inocente, del prendimiento.
Era de noche y bajaban con linternas, antorchas y armas a arrestar a quien era la Luz del mundo. Los discípulos le abandonan, le abandonamos; le niegan, le negamos; le dejan solo y aunque uno sacó la espada lo hizo para demostrar que no había comprendido nada. Jesús, solo. Pedro, que le sigue, le niega y canta el gallo de la conciencia.
Revivimos en la puerta de nuestra Iglesia Conventual de San Antonio la I Estación: “Jesús, condenado a muerte”. Ya estaba condenado de antemano, por el Sanedrín, por Herodes, por Pilato. ¿Ante qué tribunal se encuentra Nuestro Padre Jesús Cautivo de la Hermandad de Estudiantes?
¿Ante quién estás, Tú, Cristo cautivo,
las manos que sanaban, ya sujetas,
que nuestra ingratitud más manifiesta,
te prende por profeta y por testigo?
No es un Cristo flagelado todavía físicamente, es un Cristo agobiado con toda una Humanidad sobre su espíritu. Los azotes vendrían después. En nuestras calles se harán presentes en el paso del Santísimo Cristo de la Merced y todos nos sentiremos un poco encadenados al dolor de Jesús, mientras recorremos la avenida de San Antonio hacia la Plaza de España para meditar la II Estación de Penitencia: “Jesús es cargado con la cruz”.
Y bajo el peso del leño, Jesús camina en nuestro Vía Crucis desde la Plaza de España a la calle Ricardo Romero, que se convierte en nuestra Vía Dolorosa, recorrida momentos antes por Nuestro Padre Jesús del Gran Poder: solo, descalzo, un poco jadeante, en el momento de avanzar lastimosamente hacia el Gólgota, encorvado por el peso de la cruz. Aún ciñe la corona de espinas que se le clava a cada esfuerzo y la soga al cuello, ignominioso yugo. Pisa una alfombra de claveles, rojos de su propia sangre.
Y en este recorrido, de estación en estación (de la III a la IX) Jesús cae por tres veces en tierra, encuentra a su Madre, a la Verónica y a las mujeres de Jerusalén y recibe la ayuda del cirineo, para indicarnos que el discípulo, el cristiano, tiene que participar en la Pasión de Jesús. Tiene que ayudarle a consumar su obra. Este año nos volverá a edificar el sacrificio de aquellos penitentes que tras nuestro Cristo de la Buena Muerte (o en otros desfiles), por amor a Jesús, llevan la cruz, física o moral, sobre sus hombres, cargando sobre unos pies desnudos, la angustia de una petición o la alegría de una promesa cumplida.
Y ya está en la Cruz nuestro Cristo de la Buena Muerte, levantándose del suelo donde le han clavado, después de despojarle de sus vestiduras (X, XI y XII Estación), expuesto a la contemplación de todos, para la salvación de todos, y muriendo después de habernos dejado el testamento postrero:
Su mirada suplicante
se dirige hacia lo alto
y con la boca entreabierta
parece decirnos algo.
Siete palabras: la del perdón y la del consuelo; la del amor y la de la queja; la de la sed y la de la conclusión. La de la entrega.
Muchas imágenes de Cristos Crucificados están en nuestros templos, recordándonos sin duda tantos otros cristos crucificados que llenan nuestras calles. He aquí, algunos de ellos. En la Purificación había un Cristo de las Misericordias, y al que corona el Altar Mayor por debajo del Padre Eterno se le llamaba en el siglo pasado el Señor de la Paloma. Y tenemos a Nuestro Señor de la Paz con la expresión serena en un rostro dolorido del que muere perdonando. Las parroquias de San Roque y San José tienen sendos Cristos Crucificados suspendidos entre el cielo de la bóveda y la tierra de nuestros pies: son nuestros intermediarios con el Padre. No hay iglesia, ermita o convento que no tenga su Cristo clavado en la Cruz. Nuestro Señor de las Angustias, en Santiago, el Santísimo Cristo del Amparo en la Iglesia del Corazón de María, que también procesiona, sobre un monte de claveles rojos. Esta advocación del Amparo también la ostenta la imagen que corona el retablo de esta Iglesia Conventual de San Antonio.
En nuestro recorrido, ya estamos de nuevo cerca del Templo y vivimos la XIII Estación, “Jesús es bajado de la Cruz y entregado a su madre”. Lo meditamos en la madrugada y por la noche la plástica del paso de María Santísima de la Piedad en su Misterio Doloroso muestra a los almendralejenses la tragedia.
Ya se ha parado el tiempo, ya ha derramado agua y sangre por su divino costado y está muerto en los brazos de su Madre. Las espinas y los clavos, a sus pies, y María acariciando su cabeza que amorosamente se reclina en el regazo materno. Llora la Virgen, pero es un llanto distinto al de otras vírgenes: es un llanto fluido, resignado, ausente la mirada, sorprendida todavía por la ignominia consumada. No lo va a tener mucho tiempo. Es el atardecer, y el sudario en que lo van a envolver se encuentra ya preparado.
El hombre muerto será llevado al sepulcro; la madre dolorosa se cambia en soledad (XIV Estación). Va la muerte en volandas. Y en ella llevan la Vida. Y nuestro Cristo muerto de la procesión del Santo Entierro yace sobre la fría losa del sepulcro, no vencido sino con el rostro levantado manteniendo la conexión con el Padre al que le dice: “los he amado hasta el fin”.
Y con la Soledad concluye la tragedia. Nuestra Virgen sale por la noche a buscar consuelo, y lo encuentra en las hijas de este pueblo que comprenden su dolor y se lo abrevian rezando con ella, cantando con ella el Rosario, piropeándola en la Letanía y alumbrándola en su noche dolorosa.
Pero todo no ha terminado, pues vana sería nuestra fe si todo hubiera acabado con la Muerte, si no hubiera resucitado Jesucristo (Cfr. 1Cor, 15, 14). También la plástica cofradiera de nuestra Semana Santa nos lo representa. La noche no es eterna y el sepulcro ya está vacío.
El Señor Resucitado, que desde la Parroquia de San Roque cierra los desfiles procesionales, se levanta victorioso de la muerte sobre la losa abierta de la tumba. Y aunque los textos sagrados no nos lo digan, nuestra sensibilidad no comprendería que el Hijo no se apareciera a su Madre. Quizás la certeza de aquella manifestación no necesitara de su declaración expresa. Pero aquí, en Almendralejo, la Madre y el Hijo se encuentran en la madrugada del Domingo de Gloria.
Es el tercer encuentro en la Semana. La Esperanza lo buscaba de tribunal en tribunal. La Merced, transida de dolor, quería evitarle la corona de espinas. La Dolorosa lo encontró en su suplicio hacia el Calvario. La Piedad lo recibe a los pies de la Cruz. La Soledad peregrinaba consternada. Ahora, de nuevo, juntos.
Junto, con una Virgen que ostenta la advocación de la Candelaria, y que encierra en sí un profundo significado, pues si en otro momento del año lleva el Niño en brazos y una vela en la otra mano, ahora nos muestra al Cirio nuevo que es el mismo Jesús Resucitado, la luz nueva de un nuevo día alborozado, cumbre y cima de una Semana que comenzó con Ramos y traiciones y termina exultante de Gloria y de alegría.
Hemos revivido con nuestro Cristo de la Buena Muerte su Pasión, a través del Vía Crucis almendralejense. Con sencillez franciscana, recorriendo nuestras calles sobre unas humildes parihuelas, ante el silencio amoroso del pueblo que levanta altares, ha brotado la plegaria:
Y a cambio de este alma llena
de amor que vengo a ofrecerte,
dame una vida serena
y una muerte santa y buena...
¡Cristo de la Buena Muerte!
Amén.
Luis Chamizo y Almendralejo. SEGUNDO CENTENARIO DE LAS FERIAS DE LA PIEDAD (VI)
En el Libro de Memorias de José Velasco García (1809-1854) se nos dice que en 1819 se celebró "la feria primera de la Piedad" (véase, Francisco Zarandieta Arenas y Tobías Medina Cledón: La Virgen de la Piedad y Almendralejo. Cinco siglos de una convivencia amorosa, Almendralejo, Santuario de Nuestra Señora de la Piedad, 2008, p. 124), por lo que en 2018 celebraremos el segundo centenario de este acontecimiento. Para conmemorarlo, recordaremos, entre otros textos, los artículos firmados por este cronista en las revistas de feria en los últimos treinta y siete años.
VI. Francisco Zarandieta Arenas: "Luis Chamizo y Almendralejo", Ferias de la Piedad y XXIII Fiestas de la Vendimia, Almendralejo, 1995.
El pasado noviembre se cumplieron los cien años del nacimiento del poeta de Guareña, Luis Chamizo Trigueros. Desde estas páginas nos sumamos complacidos a ese merecido tributo que se le ha estado rindiendo con motivo de la efemérides a aquel poeta culto que usaba el habla de su pueblo para cantar las historias de la gente sin historia. Y es que además, y como no podía ser menos, Luis Chamizo tuvo bastante relación con Almendralejo y los almendralejenses de su época.
Luis Chamizo, después de cursar estudios de Perito mercantil en Sevilla y de Derecho en Madrid, regresó a su ciudad natal hacia el año 1918 donde su padre era tinajero y fabricante de vinos y vinagres. El propio poeta creó en abril de 1918 una sociedad mercantil con dos vecinos de Madrigueras (Albacete) para la destilación y compraventa de vinos (la firma “Piñero, Chamizo y Moral, S. R. C.”). Ofrezco este dato porque no lo he visto nunca recogido en sus biografías; pero vayamos ya a su relación con nuestra ciudad.
En julio de 1919, la Congregación de los Luises de Almendralejo convocó unos Juegos Florales, a los que acudió Luis Chamizo con el poema “Consejos del tío Perico”. Señala su biógrafo, el profesor Viudas Camarasa, que tenía la firme ilusión de obtener la flor natural, pero todo quedó en un modesto accésit.
Tal vez, muchos vecinos almendralejenses escucharan por primera vez el término “castúo” en su poema, pues, como es conocido, esta composición fue incluida, dos años más tarde, en su obra “El miajón de los castúos” y en ella el tío Perico aconseja a Encarnación, guapa, más que toas las del pueblo, sobre su noviazgo, recomendándole que busque a alguien unido al campo extremeño, que quiera la tierra hasta hacerla de su propia esencia:
Son asina los cachorros de la raza
de castúos labraores extremeños,
que, inorantes de las cencias d'hoy en día,
cavilando tras las yuntas, descurrieron
que los campos de su Patria
y la madre de sus hijos, son lo mesmo.
Aquel mismo año, en agosto, en otro estilo poético muy diferente, en la órbita del modernismo y con reminiscencias de la “Marcha triunfal” de Rubén Darío, compone su poema “Mis polichinelas”, que dedica a José Gutiérrez Silva, II Conde de Osilo. Es un sentido poema en el que, en términos regeneracionistas, vuelve a mostrar su predilección por los trabajadores de la tierra amada al señalarlos redentores del conflicto extremeño. Su última estrofa le sirve de dedicatoria:
Señor: Estos muñecos que en vuestras manos dejo
son los polichinelas que ha forjado mi amor.
Mostradlos a los hombres niños de Almendralejo.
Vos moveréis las cuerdas. Permitidme un consejo:
Que agiten bien los brazos, y que recen, señor.
Sus relaciones comerciales en el mundo del vino le llevan a trabar amistad con una familia de Guadalcanal y allí se casa con la hija de la casa, en febrero de 1922. Todo parece indicar que la poesía titulada “Mi virgencita”, fechada en dicho año y que aparece en su libro “Poesías castellanas”, está dedicada a su mujer.
Lo que no sé si se conoce es que esta poesía se publicó como una colaboración del poeta en el periódico de Almendralejo “El Defensor de los Barros”, en su número 34, del día 14 de enero de 1922. De un marcado acento autobiográfico nos recuerda su deambular por caminos y ciudades, siempre peregrino en busca del amor:
Siempre el amor me iba diciendo:
sigue adelante, peregrino,
porque hallarás al fin la virgen
que ha de ser madre de tus hijos.
En Sevilla pasa algunos días, en vísperas de su boda. Se reúne con unos amigos y, a veces, terminan la jornada en un Café Concierto. Una noche ven actuar a una joven promesa del cante y del baile llamada Trini Ramos, que luego triunfaría en los escenarios parisinos y londinenses, y, sobre todo, en Nueva York. Luis Chamizo le compone en ese momento un poema titulado “Sangre gitana”.
En marzo de 1923 el poeta pasó unas horas en Almendralejo y asistió a la tertulia que todas las noches mantenían con Guillermo García Romero de Tejada, director de “El Defensor de los Barros”, sus colaboradores y amigos.
Allí conoció a Rafael Franco Rastrollo, entonces Director de la Banda de Música de “El Obrero Extremeño” y notable compositor, natural de Badajoz, que había sido profesor en la Banda Municipal de Madrid y a lo largo de su vida estuvo al frente de importantes bandas y compuso varias zarzuelas y numerosas partituras. Rafael Franco reorganizó la Banda de “El Obrero” en el corto periodo que la dirigió, de mayo de 1922 a octubre de 1923, ya que tuvo que dimitir por el traslado profesional de su señora que era maestra.
Luis Chamizo entregó al maestro Franco dos poemas suyos para que éste le pusiera música. Uno, el citado “Sangre gitana”; el otro, titulado “Canción de las sirenas”. Desgraciadamente, no se han conservado, que sepamos, ni letra ni música. La primera composición, al decir de los redactores del periódico, era un conjunto de estrofas llenas de alegría y colorido; y la segunda, un modelo perfectísimo de esas sentidas y lindas canciones napolitanas que tanto llegan al alma. Lo que sí nos consta, por noticia aparecida en el ejemplar del 18 de junio de aquel año de “El Defensor de los Barros”, es que el músico cumplió el encargo del poeta, al menos en lo que respecta a “Sangre gitana”, que fue estrenada en el teatro “Carolina Coronado” por la cancionista María Gamito.
En aquella misma ocasión de la tertulia en Almendralejo, Luis Chamizo compuso, según cuenta el semanario local, ante sus compañeros de Redacción el poema que lleva por título “Fecundidad”, que se reprodujo en el número del 5 de marzo. Este poema, que en las últimas “Obras Completas”, editadas por el profesor Viudas, no lleva fecha y se considera anterior a 1918, debe datarse en 1923, según aparece citado en el semanario almendralejense. Es un canto de amor a la Naturaleza de donde brota la vida:
El jardín parece dormido, parece
nido abandonado, paraíso perdido.
¿Quién perfuma el lecho de la castidad?
Y el eco nos dice: la Fecundidad.
Luis Chamizo cultivó la amistad de los extremeños residentes en Sevilla, desde su nueva residencia de Guadalcanal. En la Exposición Ibero Americana de 1929 conoció, entre otros, al almendralejense Pedro Navia Campos. En 1930 se estrenó en el teatro Cervantes de la capital hispalense su obra teatral “Las brujas”, tal vez su mayor éxito como poeta y dramaturgo; y en los preparativos del estreno estuvo colaborando también el escultor Pedro Navia.
Almendralejo le tiene dedicada una calle al poeta de Guareña. La antigua Callejita de las Lanchas, a la que, curiosamente, dedicó una de sus composiciones nuestro poeta Antonio Chacón Cuesta, que también utilizaba el castúo en sus poemas:
Eso qu'era yo mu chiquerrinino,
pero..., pero entavía m'acuerdo
de cuand'iba a la Escuela de los Padres
con mi primo Juanito José y con Frasco Pedro,
po la callejita de las Lanchas
pisando un gorpe en blanco y otro en negro...
El mundo es un pañuelo. Antonio Chacón casó con una sobrina nieta del Conde de Osilo, aquel a quien Luis Chamizo dedicara uno de sus poemas en 1919.
Almendralejo en los siglos XVI y XVII. SEGUNDO CENTENARIO DE LAS FERIAS DE LA PIEDAD (V)
En el Libro de Memorias de José Velasco García (1809-1854) se nos dice que en 1819 se celebró "la feria primera de la Piedad" (véase, Francisco Zarandieta Arenas y Tobías Medina Cledón: La Virgen de la Piedad y Almendralejo. Cinco siglos de una convivencia amorosa, Almendralejo, Santuario de Nuestra Señora de la Piedad, 2008, p. 124), por lo que en 2018 celebraremos el segundo centenario de este acontecimiento. Para conmemorarlo, recordaremos, entre otros textos, los artículos firmados por este cronista en las revistas de feria en los últimos treinta y siete años.
V. Francisco Zarandieta Arenas: "Almendralejo en los siglos XVI y XVII", Ferias de la Piedad y XXII Fiestas de la Vendimia, Almendralejo, 1994.
Este libro, que se presentó en octubre pasado y refleja lo substancial de mi Tesis Doctoral, pretende contribuir al mejor conocimiento de la realidad extremeña en el Tiempo de los Austrias. Su interés se basa en que Almendralejo, situada en el centro de la Tierra de Barros, en la Provincia de León de la Orden de Santiago, era entonces, como ahora, uno de los pocos ejes del desarrollo vital de Extremadura, en el que la fertilidad de sus tierras constituía la riqueza principal. Las transformaciones sufridas por esta villa durante esos siglos en que cambió institucionalmente, pasando de órdenes a señorío y a realengo, y sufrió las terribles consecuencias de una guerra en la frontera con Portugal, añaden aspectos atrayentes que incitan a un estudio que está basado en multitud de fuentes custodiadas en archivos parroquiales, municipales, nacionales, notariales y privados.
El ámbito temático de este trabajo queda estructurado en torno a tres grandes ejes: la demografía, la sociedad y las instituciones. Sobre la base demográfica, que constituye el soporte inicial y angular de la investigación, se ha pretendido recrear la dinámica de la sociedad almendralejense a través del desarrollo de sus principales instituciones públicas.
De los aspectos demográficos se ofrece una visión estática, a partir de los recuentos globales de vecinos, y otra dinámica, con el análisis de las conocidas variables de nacimientos, bodas y defunciones. La población de Almendralejo en aquellos siglos se movió entre un mínimo de 450 vecinos en los comienzos del XVI y un máximo de 1.050 en los años 70 de aquel siglo, mientras que al final del período considerado, hacia 1700, habitaban en la villa 686 vecinos. En la obra se estudian las distintas causas que concurrieron para ofrecer este panorama. Predominan las negativas: crisis de subsistencias, epidemias, guerras, presión fiscal y emigraciones. Las llegadas de inmigrantes y las alteraciones del sistema matrimonial contribuyeron a paliarlas en muy escasa medida.
La vida transcurría de muy distinta manera para los "notables", "el común de los vecinos" y los "marginados". Hacemos un seguimiento del quehacer diario a través de tres pinceladas en otros tantos momentos cruciales de la misma: el nacimiento, la boda y la muerte.
El análisis de 1.824 testamentos nos introduce en la religiosidad popular y en las diferencias entre los distintos estamentos sociales a la hora de enfrentarse con el último momento de su vida presente. Las mismas diferencias se observan en el estudio de las cartas de dote, donde se recoge la base económica en que se sustenta el matrimonio, y se pormenorizan los distintos bienes que las constituían (ajuar, bienes muebles o inmuebles, ganado, esclavos, objetos de lujo...).
En la sociedad marginada nos detenemos en tres tipos humanos que no participan de la "normalidad" establecida de la época: la desconfianza ante una conversión forzosa y unas minorías nunca asimiladas, como son los moriscos: la vergüenza de nacer de una relación ilícita, en el caso de los ilegítimos y expósitos, y la marca de haber caído en la esclavitud o haber nacido dentro de ella. Los "marginados" son otro mundo y, pese a su pequeño volumen poblacional, nos ilustran sobre aquella sociedad cerrada en la que el nacimiento condicionaba la vida futura de la persona.
Todos, marginados o no, estaban sujetos a determinadas formas de poder, por lo que para comprender a aquellos grupos humanos, sus formas de vida y su evolución en el tiempo, se estudian esas variadas instituciones que gravitaban sobre ellos, sus "circunstancias".
Además de la Iglesia, que controlaba la vida del individuo desde la cuna a la sepultura, el almendralejense de los Tiempos Modernos estaba sometido a múltiples jurisdicciones, de las cuales eran las más inmediatas las que emanaban del Concejo y de la Encomienda, en una cierta confusión y cruce de competencias (también con las eclesiásticas) que sólo se unificaban en el vértice común del Monarca, señor y propietario de todo. En sus orígenes, siglos XIII-XIV, Almendralejo dependía en los aspectos contributivos y jurisdiccionales de la ciudad de Mérida, que la consideraba una de sus aldeas, dentro del territorio de la Provincia de León de la Orden de Santiago. Se describe el privilegio de villazgo y el sucesivo paso de órdenes a señorío y a realengo, así como el proceso sufrido por la Encomienda hasta repartirse entre dos familias: la de los banqueros genoveses de los Serra y la de los Fernández, hidalgos locales de gran ascendencia en la villa.
La organización eclesiástica era, quizás, la jurisdicción más presente a los almendralejenses. Se estudia el patrimonio parroquial, las vicisitudes por las que pasaron las ermitas, cofradías, hospital y conventos de la Concepción y de San Antonio, y se hace una biografía colectiva de los curas y clérigos que sirvieron la Parroquia a lo largo de doscientos años.
La Inquisición uniformaba la variedad de jurisdicciones, salvando fueros y excepciones. El territorio de la Orden de Santiago aparece como el espacio más controlado de todo el sector llerenense y los oficiales del Santo Oficio de Almendralejo consideraban el título como una "prueba positiva" para escalar otros puestos o para alcanzar el hábito en una Orden: más de la mitad de ellos fueron, además, regidores perpetuos o alcaldes de la villa, concentrándose los oficios en manos de determinadas familias, sobre todo hidalgas, en las que claramente se transmitía el título en línea directa de generaciones.
El Concejo era la institución más inmediata a los vecinos. Se estudian las Ordenanzas, las áreas de actuación del cabildo, algunas cuentas municipales y la provisión de los cargos concejiles, en particular, los regidores, de los que se analiza la historia familiar de los 85 individuos que ocuparon con título de perpetuos este oficio entre 1606 y 1700. El poder en la villa, en definitiva lo ostentaban muy pocas familias, agrupándose en doce de ellas el 90% de los regidores perpetuos del Seiscientos. El estudio sociológico que de ellos se hace muestra, con algunas diferencias entre hidalgos y pecheros, unas características bastante comunes a todos ellos. Concentran los cargos en pocas familias, practican una fuerte endogamia, buscando alianzas matrimoniales, sus fortunas tienen procedencia diversa (agricultura, ganadería, censos), son titulares de mayorazgos, ofrecen cuantiosas dotes a sus hijos, numerosos ante el temor a que se extinga su descendencia, cuentan con esclavos y criados en sus casas donde no son extraños los objetos de lujo, algunos de sus hijos se consagran a la Iglesia, ordenan un elevado número de misas en sus testamentos, fundan capellanías, los pecheros pretenden ennoblecerse y los nobles buscan el hábito de una Orden, han ocupado previamente las alcaldías de la villa, son familiares del Santo Oficio...: es otra forma de vida, diferente al común de los vecinos.
Los cangueros. SEGUNDO CENTENARIO DE LAS FERIAS DE LA PIEDAD (IV)
En el Libro de Memorias de José Velasco García (1809-1854) se nos dice que en 1819 se celebró "la feria primera de la Piedad" (véase, Francisco Zarandieta Arenas y Tobías Medina Cledón: La Virgen de la Piedad y Almendralejo. Cinco siglos de una convivencia amorosa, Almendralejo, Santuario de Nuestra Señora de la Piedad, 2008, p. 124), por lo que en 2018 celebraremos el segundo centenario de este acontecimiento. Para conmemorarlo, recordaremos, entre otros textos, los artículos firmados por este cronista en las revistas de feria en los últimos treinta y siete años.
IV. Francisco Zarandieta Arenas: "Los cangueros", Ferias de la Piedad y XXI Fiestas de la Vendimia, Almendralejo, 1993.
Año de 1793. Hace doscientos años. En la Iglesia Parroquial de la Purificación tienen lugar los esponsales de quienes muy bien podrían llamarse Juan Alonso y María González, ambos de familias naturales de Almendralejo desde tantas generaciones que no lo recuerdan.
Celebrarán tres días de bodas y los tres habrán de visitar la Ermita de Nuestra Señora de la Piedad, acompañados de los mozos y las mozas en grupo, cantando y tocando instrumentos. Es tal la costumbre que si no lo hicieran les parecería que no estaban casados. Luego, como dice el refrán que “Santa María la más lejos es la más devota”, si pueden, han prometido, dentro del año, visitar a Nuestra Señora de Guadalupe y si no se atrevieran a tanto, irán a Nuestra Señora de las Nieves, que se venera en Zarza de Alange.
El padre de Juan no le ha podido dar al casarse ni caudal ni finca; sólo una arada, y le ha dicho: “Hijo, ya tienes obligaciones y una familia que mantener. Con esa arada lo has de hacer, como lo hizo tu padre que con ella te ha criado”.
Pero Juan no se preocupa demasiado. Los tiempos han mejorado. Aquellas necesidades que ha oído contar a su abuelo, y que éste, a su vez, oyera del suyo, que hablaban de malos temporales o de plagas de langostas, ya se ven de otra manera. Siguen los perpetuos peligros de los campos, pero ahora se afrontan con otras perspectivas, con más optimismo.
Recuerda que en su niñez su padre le llevaba a dar alguna labor sencilla a los melonares, que constituyeron un gran recurso para los campesinos de aquellos tiempos, de tal manera que se oía frecuentemente el dicho de que los jornaleros de Almendralejo tenían cinco cosas: una viñita, un melonarcito, un burrito, un perrito y un hijo cada año.
Lo primero que hará Juan será tomar a censo una fanega de terreno y comenzar a prepararla, aprovechando en ella los días que esté sin jornal y las mañanas de los festivos. Adelantándose a los otros compañeros, procurará contratar en la Plaza el jornal con un labrador que tenga su heredad inmediata a la suya y, entonces, madrugará más aprovechando el tiempo que pueda en lo suyo hasta la hora propia para entrar en el trabajo ajeno; y, así, en tres años puede tener plantada de viñas y olivos casi toda la fanega.
Además, si en la siega puede ahorrar algún dinero lo invertirá en llevar jornaleros que le ayuden. Está ilusionado. Las plantaciones han dado impulso a la población. Hace poco tiempo que en el término de la villa no se encontraba ni una viña, pues todo se dedicaba a granos. Pero en 1787, para poder pagar unas contribuciones extraordinarias, consiguieron Facultad Real para dar a censo a los vecinos 234.25 fanegas de la dehesa del Escobar.
El censo es perpetuo e irredimible, conservando la villa el dominio directo, mientras que los vecinos, a quienes se les adjudicaba, se comprometen a plantarlas de viñas y olivares en el plazo de diez años; sin poder ceder o traspasar sus porciones si no están totalmente plantadas. Además del plantío del Escobar,Juan puede tomar su fanega en el de Andana, terreno también pobre para cereales, pues dice el refrán, “el que siembra en Andana, ni pierde ni gana”. Este viñedo llega hasta la calzada romana, que separa dos tipos de suelos, lo “barros”, donde se da el cereal, nuestro orgullo, dice Juan, pues abastecemos, a veces, a toda Castilla, gracias al almacenamiento de granos en los silos; y los “caleños”, tierra pobre para el cereal, pero que ha resultado buena para los plantíos.
Juan Alonso ha pensado preparar la tierra de su fanega con todo esmero, dándole primero una cava profunda con azadón, lo que llamamos “dar suelo”, de media vara de profundidad, y le extraerá todas las raíces y maleza. Después, hará la plantación de vid y olivo por codal a un tiempo, y cada año les dará dos cavas de azada y, cuando ya el fruto esté a la vista, le hará otra labor, la que llaman “dar polvo”, es decir, remover en seco la superficie de la tierra con rodos de mano, porque, dicen los mayores, que eso contribuye a que engorde y se sazone más la uva.
Luego, con la venta del fruto se construirá una casa o se comprará dos caballerías; tomará, además, otra fanega y a los tres años podrá comprar lo que ahora no haga, caballería o casa, y quedará convertido en un canguero, que es como en Almendralejo se llama a los modestos propietarios que trabajan sus propias tierras.